Cumbre del Cambio Climático … demasiada política y poca ciencia

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Se ha escuchado decir que en una guerra, la primera baja es la verdad. Y eso se cumple a rajatabla desde hace miles de años. En cualquier confrontación cada cual oculta parte de la verdad, contando sólo la suya. Y una verdad a medias, puede esconder la más grande de las mentiras.

Líderes mundiales están en París, Grupos Ambientalistas están en París, Intereses económicos están en París. No hay santos, en ninguno de los grupos. Cada uno se arroga la defensa del clima desde su punto de vista, cada uno dice su verdad y esconde la de los demás.

Y así estamos desde hace veinte años. Ni para atrás, ni para adelante. Sólo en las emisiones de gases cloro-fluorocarbonados se lograron avances. Estos gases afectan la capa de ozono, especialmente en el hemisferio sur, cerca de la Antártida.

Cada uno defiende su quintita. Y pide al otro que haga el esfuerzo, porque se supone que a él no le corresponde. En el medio, estadísticas catastróficas, pobrísimas de fundamentos científicos. Estadísticas “tocadas” que se modificaron mágicamente en los últimos años.

Transformar un problema serio en una catástrofe, y esa catástrofe no llega, no hace más que alimentar la lógica reflexión de quienes niegan ese problema, porque los hechos terminan amparándolos.

¿El cambio climático existe? Siempre el clima cambió, y ahora también lo hace, entonces es una pregunta sin sentido

¿El cambio climático por razones antropogénicas existe? Esa sí es una buena pregunta. ¿El hombre puede influir en el clima? Seguramente sí. ¿Influye como lo plantea el IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático)? Esa respuesta es mucho más difícil, y me atrevo a decir que no.

¿Los hombres y mujeres de este planeta estamos mal gastando recursos naturales y contaminando el aire y las aguas del planeta?

Sí, sin dudas, esa respuesta es sí.

Cuando hacemos el cóctel y aparecen variables climáticas que cambian (como cambiaron siempre) se atribuye rápidamente a la deforestación, contaminación, etc, etc.

Pero el clima es caprichoso, y a veces no tiene el recorrido que imaginamos. Entonces rápidamente llega el contragolpe. Y quienes quieren seguir igual aducen: “¿Han visto que el clima no cambia? Podemos seguir haciendo lo que hacemos hasta ahora.”

Entonces se redobla la apuesta, en vez de buscar la verdad, y se introduce una nueva variable.

Por ejemplo, el calor de Pakistán (donde siempre hizo calor, pero no siempre hubo estadísticas). Entonces el nuevo paradigma del cambio climático es el calor de Pakistán … y así, y así.

Pero en unos años en Pakistán bajará la temperatura y los papeles volverán a quemarse.

La pregunta, quizás sencilla. ¿No se pueden cuidar los recursos no renovables del planeta, más allá que no afecten al clima como suponemos? ¿No alcanza con que nos afecte la vida diaria, la salud,  y el acceso a una vida más sana y natural?

Creo que es un camino más difícil llegar a esos objetivos planteando el origen del problema en el clima. ¿No es más fácil plantearlo en parámetros de la salud de la población? Si el agua que bebemos está contaminada. ¿Por qué buscar la razón en un grado más o un grado menos, o en una inundación en la India? El agua está contaminada porque la contaminamos con nuestras actividades. Pero si le queremos echar la culpa al clima, el camino es mucho más dificultoso de comprobar y el agua mientras tanto seguirá contaminada.

Los únicos datos incontrastables que ha podido presentar el IPCC en 30 años es el aumento de la concentración de dióxido de carbono y un aumento de temperatura producido por el aumento de las mínimas, pero no de las máximas. Esas mínimas son altamente influenciadas por las islas de calor urbanas que crecen exponencialmente, especialmente en los países en desarrollo.

Hay menos hielo en el Ártico, pero hay más en la Antártida. Aquí tenemos una de las típicas verdades a medias. Siempre se dice que en el Ártico hay menos hielo, pero se oculta que en la Antártida hay más hielo que en la década del 70.

Por un camino paralelo, la biodiversidad del planeta disminuye. También existen en las ciudades industriales focos de lluvia ácida generada por el arrastre de partículas de óxidos de azufre y nitrógeno por parte de las precipitaciones (ese es un efecto local, no global). Las tierras se erosionan por menos cobertura de bosques o pastizales, todo cierto, pero… el clima cambia por eso?  ¿O lo que cambia son las consecuencias?

Si hacemos una ciudad al pie de una montaña con bosques y después sacamos  los bosques, lo más factible es que esa ciudad sea sepultada por un alud. ¿Cambió el clima? NO, cambiamos el escenario. La misma lluvia que cien años atrás no causaba perjuicios, ahora tapa una ciudad con barro. Y decimos “es por el cambio climático”, y el error se hace una bola de nieve. Si en vez de decir cambio climático, evitamos que se pierda el bosque, la ciudad no se tapa de barro. Así de fácil…

Entre tantas polémicas que generó el proyecto de trasladar la Capital a Viedma en los 80, un grupo ambientalista argumentó que el proyecto era inviable porque en 30 años esa región  estaría bajo el agua por la suba en el nivel del mar.

Viedma sigue estando fuera del océano, pero el mundo está más contaminado y es un peor lugar para vivir que hace 30 años. ¿No es hora de separar los caminos?  y por un lado ocuparnos de los escasos puntos en común que tienen cambio climático y pérdida de recursos naturales y por el otro centrar atención a solucionar este último, que sí nos afecta más cada día que pasa.

La búsqueda de energías limpias y de sistemas de producción amigables con el ambiente deben ser una prioridad, aun cuando las energías actuales no impacten en el clima como se especula, porque sí impactan en nuestras vidas.

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