La carrera del otoño

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En marzo comienza una carrera, que quienes viven en ciudades no la presencian, y en general, no advierten que la misma ocurre.

Pero dentro de los galpones, muchos de ellos en los suburbios de cada ciudad de la pampa húmeda, las máquinas, que han sido preparadas durante 9 largos meses, aguardan para largar una frenética carrera que en la mayoría de los casos no llegará a 60 días. Ellos son los “Cosecheros”, “Contratistas”, “Cosechadores”, o como se los llame en los distintos pueblos.  Pero no sólo de pilotos locales consta esta competencia. Al comenzar el otoño, las rotondas de cada ciudad se llenan de competidores foráneos. Ellos vienen “bajando” del norte, buscando cada punto donde comience la campaña de trilla. Y eso no hace más que sumar estrés a los locales. Más competidores, acortan el tiempo de la carrera. Por lo que cada detalle contará.

En cada campamento hay un jefe, con uno o más maquinistas, algún tractorista,  y también un cocinero. Pero en muchos casos, todos saben hacer todo. Cada uno puede suplir al otro más allá de su especialidad

Esperan la orden para largar, y comenzar una tarea, que en esos sesenta días, definirá su suerte económica para lo que resta del año. El tiempo cronológico y meteorológico son sus principales rivales. Un otoño de condiciones climáticas benignas favorecerá el avance de la recolección. Pero, cada lluvia significará un tropiezo. Y a veces esa lluvia, cae para unos, y no para otros. Y estos últimos toman ventajas. Luego de las lluvias, empeoran los caminos. Allí deben trasladarse los camiones. Si no hay camiones, la cosecha para, y aumenta la angustia. La maquinaria debe funcionar como un reloj suizo para que la carrera sea ganada. Más horas de cosecha con camiones a tiempo en el campo. Descargas a tiempo en los acopios y en los puertos, y algo más, que se sumó en los últimos años. Esto es una parte burocrática de papeles, que se hacen en casillas, cajas de camioneta, cabinas de camiones, etc. Sin ese papelerío en orden todo lo demás se detendrá. Los rostros de alegría del comienzo de cosecha, viran  a medida que la misma avanza y  comienzan los malhumores. Esto es como un Dakar, siempre hay algo que sale mal y no estaba en los papeles de nadie.  Algo se rompe, y el repuesto suele estar a 200 km de distancia. La carrera ahora es en una camioneta hacia el sur santafesino donde está la bendita pieza que volverá a poner la maquinaria en marcha. No es un milagro que los inconvenientes ocurran en un feriado, ya que el comienzo del otoño está plagado de ellos. Un problema en un día feriado deberá contar con la buena voluntad de quien tiene la solución, de lo contrario, el perjuicio será enorme. Sólo en el partido de Salto se moverá más de medio millón de toneladas de cereal durante este otoño. Los caminos rurales deberán ser un autódromo para arrancar. Pero a medida que la cosecha avance y comiencen las lluvias otoñales, el deterioro se hará marcado y no es un obstáculo menor para seguir con las tareas. Es clave evitar los excesos de carga en camiones y esa circulación “innecesaria” que ocurre muchas veces al finalizar una lluvia. Para muchos de estos competidores los dos meses que van del 15 marzo al 15 de mayo son causa de un estrés que provoca daños en su salud.

En la ciudad no se ve… pero en el campo el otoño, suele ser traumático para muchos.

La carrera  está por comenzar… a conducir con cuidado

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