Santa Rosa, la tormenta con nombre

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El 21 de julio de 1615 los habitantes de Lima temían una invasión de piratas holandeses.

En la Basílica de Santo Domingo, una joven virtuosa llamada Isabel Flores de Oliva y apodada Rosa en honor a su belleza, ofrecía su vida en defensa del Santísimo Sacramento y arengaba a los fieles a orar e imitar su ejemplo.

Sus plegarias fueron oídas y según se cuenta, sorpresiva y misteriosamente el corsario holandés se retiró sin atacar Lima. La tradición dice que una tormenta impidió el desembarco holandés y allí nació la leyenda de la tormenta de Santa Rosa en honor a aquella mujer que arengó a los limeños a la resistencia mediante la oración.

La climatología no ofrece demasiados pilares científicos para apoyar esta teoría en una región en la que no son frecuentes las tormentas.

¿Qué es una tormenta? Para que sea tormenta el meteoro debe estar acompañado por una “descarga brusca de electricidad atmosférica que se manifiesta por un resplandor breve llamado relámpago, y por un ruido seco llamado trueno; asociada a nubes convectivas que generalmente producen precipitaciones en forma de chaparrón de lluvia y/o granizo o nieve, como también vientos fuertes”. Así define “Tormenta” la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Lo cierto es que la tradición llama tormenta de Santa Rosa a aquellos eventos que produzcan lluvias (sean o no tormentas alrededor del 30 de agosto)

Según consigna el Servicio Meteorológico Nacional en un informe desde 1906 a la fecha, sólo en 9 de los 110 años analizados, se produjeron tormentas durante el día 30 de agosto.

Si consideramos fechas próximas al 30 de agosto (entre el 25 de agosto y el 4 de septiembre), en Buenos Aires durante el mismo período,  en 57 oportunidades (algo más del 50% de los casos) se produjeron tormentas en los días próximos al del santoral de Santa Rosa de Lima, aunque no siempre estuvieron asociadas a precipitaciones intensas y/o abundantes. A finales del invierno se observa un aumento de la radiación solar en superficie y un cambio en la posición de los sistemas de circulación atmosférica global que favorecen la entrada de aire cálido y húmedo desde el norte. Estas condiciones son las que favorecen el desarrollo de nubosidad por convección (el calor hace que el aire sea mas liviano y ascienda) y favorece que en consecuencia, puedan generarse tormentas.

La “Tormenta de Santa Rosa» en consecuencia, no es más que una de las primeras denominadas “tormentas equinocciales”, ya que se produce cerca del equinoccio de primavera para el hemisferio Sur (22 o 23 de Septiembre). Además, no se registra en todo el territorio argentino sino en las zonas central y oriental, mientras que las provincias de San Juan, Mendoza, La Rioja y Salta, rara vez se ven afectadas por este fenómeno. En el Uruguay, como en toda el área del Río de la Plata, la frecuencia de la “tormenta de Santa Rosa” es similar a la de la Ciudad de Buenos Aires. También se observan fenómenos similares en Sudáfrica y en Australia.

En Salto, en los últimos 15 años sólo en 2010 llovieron 6 mm el 31 de agosto. No hubo lluvias los 30 de agosto en estos años mencionados. En este 2016, los pronósticos para el 30 vuelven a ser esquivos a la tradición. Pero la lluvia podría llegar el 2 de septiembre, y el mito sumaría un ladrillo más en la pared.

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