Corriendo de atrás…

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En octubre Meteosalto advertía de los 180 mm que nos debía el año. Durante ese mes las lluvias fueron buenas, pero no de carácter recuperatorio para el atraso reinante. Noviembre apenas cubrió el 60% de sus expectativas, y diciembre viene mal.

La pregunta que nos hacemos es: ¿cuánto debería llover para igualar o asemejar una situación hídrica semejante a diciembres anteriores?

No solamente es tener en cuenta lo que llueve habitualmente en diciembre, sino en los meses anteriores, años anteriores, cantidad de días con lluvia e impacto de la radiación de la época.

Para igualar la situación hídrica al 31 de diciembre de cada uno de los siguientes años, en lo que resta del mes debería llover:

Se puede observar que en 2005 y 2011 los valores son negativos (no podríamos restar lluvias), lo que significa que en 2016 la situación es mejor que en esos dos diciembres. En la campaña 2005/06 hubo una mejora en enero, mientras que en la 2011/12 ese alivio llegó pasada la mitad del mes de enero. Fue tarde para el maíz de primera, que tuvo la peor performance en los últimos 30 años.

El año 2009 es el que más lejano queda, con 347 mm, pero tengamos en cuenta que entre la Navidad y Año Nuevo de ese diciembre asistimos a importantes crecidas del río con gran cantidad de evacuados, no sería ideal igualar aquel año.  Si usamos nuestra memoria corta nos encontramos que en diciembre de 2015, las lluvias ya eran esquivas, pero este año deberíamos sumar 66 mm para igualar al año pasado. La gran sequía de 2008-09 tenía hasta esta fecha parámetros parecidos. En aquella oportunidad se agravó fuertemente en enero (algo de lo que no estamos a salvo en esta campaña).

Los pronósticos son alentadores para los últimos días del año. Ahora podemos confiar algo más en esas previsiones, dado que son a corto plazo. Las de mediano plazo, realizadas a fin del invierno, no han tenido un reflejo fiel en lo ocurrido. Los años neutros son de difícil pronóstico porque el principal factor (evento niño o niña) se encuentra ausente. El resto de las variables que juegan en atmósfera y mares tienen comportamientos menos predecibles y cada una aporta un impacto de diferente magnitud al tiempo reinante.

Cuando comienza enero los factores locales (por ejemplo, temperatura del océano Atlántico) empiezan a jugar un papel fuerte sobre nuestro clima. Hay algunos de ellos que permiten un cauto optimismo para el primer mes del año. El atraso que deja 2016 ha sido importante, aunque fue compensado de cierta manera por el año y medio que fue de enero de 2014 a agosto de 2015. Ese crédito hídrico se está agotando, por lo que 2017 deberá valerse por sí solo.

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