“La seca”, ese enemigo que estira los días…

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Quienes han esperado una lluvia entienden mejor que nadie ese título. Los días de verano, los de enero especialmente, suelen ser eternos cuando se espera una tormenta. Los productores sufren al compás de sus cultivos. Cuando termina otro día sin lluvias a veces sirve de consuelo saber que al menos ya es de noche, el sol ya no abrasa (con «s») y llegaron unas horas de tregua. El implacable sol del verano volverá al amanecer y con sus rayos nuevamente hará eternas esas horas en las que se aguarda una tormenta. Mientras tanto, cada productor hace una interminable revisión de pronósticos, de consultas, buscando al menos una noticia que traiga alivio. Van desde los análisis más científicos hasta mirar el comportamiento de las hormigas. Todo vale en pos de alguna señal que presagie una lluvia.

Los Meteorólogos son puestos en el banquillo de los acusados y se revisa cada uno de sus anuncios previos. Y allí se los clasifica con mayor o menor crueldad de acuerdo a sus aciertos.

En la gran sequía del 88 89, hacia enero la gran mayoría de los lotes de soja de segunda se habían secado y se esperaba una lluvia para su resiembra. Un productor de la zona de Colonia El Rincón fue a una cooperativa de Salto a cargar semilla para la resiembra (alrededor de fin de enero). Incrédulos, quienes debían autorizar aquel pedido, preguntaron cómo iba a sembrar con semejante sequía. Aquel agricultor, un personaje de esos tiempos, contestó que había visto una actividad inusual en las hormigas y eso delataba que la lluvia estaba próxima.

El productor se llevó su semilla y antes de las 48 horas llegó la lluvia, y mientras el resto se amontonaba para cargar sus insumos para la resiembra, él ya sembraba gracias a su particular conexión con aquellas hormigas. Como esta anécdota, hay cientos en toda la región pampeana.

Cuando la ciencia tradicional no trae buenas noticias, en el campo surgen otros meteorólogos como las hormigas, las chicharras, las ranas, los alguaciles… Señales como “entró el sol tapado”, “el caño mojado del molino”, “un dolor de huesos” anuncian una determinada condición meteorológica que se aproxima.

Mientras una inundación suele instalarse en un corto lapso y no da tiempo a demasiados análisis… la sequía tiene el arte de estirar los días, las horas y a veces hasta los minutos.

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